REÍR PARA LEER: cuando el humor abre la puerta al aprendizaje
G Gert Moller

REÍR PARA LEER: cuando el humor abre la puerta al aprendizaje

15 ene 2026 · Desarrollo infantil · Docentes Chile · Jugar para aprender · Pedagogía y aprendizaje

Leer no siempre tiene que ser silencioso ni solemne. El humor, el juego con las palabras y la risa compartida pueden convertirse en poderosos aliados para fortalecer el vínculo con la lectura y el lenguaje.

Leer también es jugar con el lenguaje

Durante el verano —y especialmente en procesos de refuerzo lector— muchas veces se insiste en que los niños lean más, mejor y con mayor fluidez. Sin embargo, pocas veces se considera cómo se vive esa lectura. La evidencia pedagógica y la experiencia en aula coinciden en algo fundamental: cuando la lectura se asocia al disfrute, la motivación aumenta y el aprendizaje se vuelve más significativo.

Leer adivinanzas, chistes o trabalenguas permite que los niños se acerquen al lenguaje desde la curiosidad y la sorpresa. No se trata solo de comprender un texto, sino de jugar con los sonidos, el ritmo y el sentido, elementos clave en el desarrollo lector temprano.

 

El rol de la emoción en los procesos lectores

La neurociencia educativa ha demostrado que emoción y cognición están profundamente entrelazadas. Immordino-Yang y Damasio explican que no aprendemos sin emoción: los procesos afectivos son una condición necesaria para que la atención y la memoria se activen (Nature Reviews Neuroscience, 2007).

La risa, en particular, cumple un rol regulador. Estudios en psicología cognitiva muestran que el humor reduce el estrés, baja la ansiedad y favorece la disposición a aprender (Martin, The Psychology of Humor, 2007). En contextos de lectura, esto se traduce en niños más disponibles para intentar, equivocarse y volver a probar.

 

Adivinanzas, chistes y trabalenguas: mucho más que entretención

Desde el punto de vista pedagógico, estos textos breves cumplen múltiples funciones. Las adivinanzas estimulan la inferencia y el vocabulario; los chistes juegan con dobles sentidos y comprensión semántica; los trabalenguas fortalecen la conciencia fonológica, la articulación y la discriminación de sonidos.

La conciencia fonológica —la capacidad de reconocer y manipular los sonidos del lenguaje— es uno de los predictores más sólidos del éxito lector (National Reading Panel, 2000). Jugar con rimas, aliteraciones y sonidos repetidos permite desarrollar esta habilidad de forma natural y lúdica, sin necesidad de forzar el proceso.

 

Reír juntos también construye confianza lectora

Cuando la lectura provoca risa compartida, el error deja de ser amenazante. Un niño que se equivoca en un trabalenguas y vuelve a intentarlo entre risas está desarrollando algo clave: seguridad frente al lenguaje. Según la OECD, los entornos de aprendizaje que promueven emociones positivas favorecen la perseverancia y la participación activa (Social and Emotional Skills for Learning, 2021).

En este sentido, leer en voz alta textos breves y humorísticos —en familia o en el aula— puede ser una estrategia poderosa para reforzar la lectura sin presión, especialmente en periodos como el verano.

 

Materiales que acompañan el juego con el lenguaje

Existen recursos pedagógicos pensados justamente para este tipo de experiencias. Materiales de lectura breve, juegos de palabras, tarjetas con rimas o actividades de conciencia fonológica permiten integrar el humor y el juego al trabajo lector diario. En el catálogo de Masterwise, distintos recursos de lenguaje están diseñados para aprender jugando, favoreciendo la exploración de sonidos, palabras y significados de manera progresiva y significativa.

No se trata de reemplazar la lectura tradicional, sino de complementarla con experiencias que devuelvan el placer de leer.

 

Antes de leer bien, hay que disfrutar leyendo

En los procesos lectores, especialmente en etapas iniciales, el disfrute no es un accesorio: es una condición. Cuando los niños ríen con la lectura, cuando se sorprenden con una adivinanza o se desafían con un trabalenguas, están construyendo una relación positiva con el lenguaje.

Y esa relación —más que la cantidad de páginas leídas— es la que sienta las bases para un aprendizaje lector sólido, seguro y duradero.

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